Con el advenimiento de la quinta versión del lenguaje básico de la World Wide Web, la tecnología ha acompañado y potenciado el cambio cultural representado por íconos como las redes sociales, webs interactivas, aplicaciones integradas y sistemas de gestión en la nube. HTML5 constituye la síntesis entre el tradicional código HTML, JS y CSS, incluyendo así en un solo paquete, la materia necesaria para darle larga vida al 2.0.
La salida al mercado de HTML5 no dejó a nadie indiferente. Las grandes compañías de software, en mayor o menor medida, han mostrado públicamente su aprobación a esta versión del código. Microsoft, por ejemplo, se anticipó abriendo un portal a fines de 2010, destinado a que los desarrolladores compartan sus producciones basadas en HTML5. Pocos días atrás IBM hizo lo propio al publicar una plataforma de desarrollo llamada Maqetta, proyecto open source cuyo objetivo es la creación de interfaces visuales WYSIWYG, basadas en HTML5. Por supuesto, el propio proyecto fue puesto en línea utilizando dicho código.
Pero sin dudas el caso de éxito más renombrado en la actualidad es el de Chrome 11, lanzado al mercado el 2 de mayo, apenas dos meses más tarde que Chrome 10. Quienes usaron la versión ya sabrán el motivo por el que la gente de Google la distribuyó tan rápidamente: gracias a HTML5, Chrome 11 tiene soporte de reconocimiento de voz, permitiendo a los usuarios el dictado de frases para que Google Translate traduzca en tiempo real.
HTML5 llegó cuando más se necesitaba. Los mercados mobile, de tablets y corporativos pedían a gritos una renovación. En este viaje de evolución tecnológica, las empresas que logren capitalizar más rápidamente las virtudes del código y aplicarlas a soluciones que aporten valor para sus clientes, serán sin dudas las que saquen ventajas.
